La coartada y huida del Doctor Crippen

Por José Ignacio Contreras

El doctor Hawley Harvey Crippen
El doctor Hawley Harvey Crippen

“Gracias a Dios que se ha acabado. La tensión ha sido demasiado grande, no podía aguantarlo más” Hawley Harvey Crippen en el momento de su arresto.

¿Existe el crimen perfecto? Quizá el doctor Hawley Harvey Crippen creyó que era capaz de elaborarlo. Quizá, ingenuamente, pensó que no era difícil cometer un crimen y elaborar una coartada lo suficientemente ingeniosa e indestructible como para evitar que se destapara su horrenda acción y huir de la justicia británica. Y podría entonces dedicarse a la buena vida sin ninguna preocupación. “Hagámoslo, qué diablos”, debió pensar.

El doctor Crippen vivía en Londres pero era estadounidense. Había nacido en esa fecha tan tristemente recordada hoy en día, un 11 de septiembre, pero de 1862, en Coldwater, en el estado de Michigan. Era hijo de una ama de casa y un comerciante.

Interesado en la medicina desde niño, se graduó en la Escuela de Medicina Homeopática de Michigan en 1884, y al poco marchó por primera vez al Reino Unido para ampliar sus estudios. Más tarde, obtuvo una titulación por el Colegio de Médicos de Philadelphia, además de lograr al año siguiente la especialización en medicina del ojo y del oído, obteniendo un diploma expedido por el Hospital Oftalmológico de Nueva York. Durante esos años, se casa con su primera mujer, una enfermera irlandesa llamada Charlotte Bell. En 1885 comienza a trabajar como homeópata para una compañía farmacéutica, Dr.Munyon.

Ejerció la medicina en diversos puntos de los Estados Unidos en los siguientes años, cambiando de residencia con asiduidad. Y es en uno de esos destinos, concretamente en Utah en enero del año 1892, donde su mujer sufre un ataque de apoplejía fulminante. Ante la situación, Crippen deja a su pequeño hijo, Hawley Otto. de tres años, a cargo de su suegra, en California.

Pero poco le duró la desdicha a Harvey, o no debió afectarle el deceso de su mujer. Con su cualificación como homeópata, marcha a Nueva York, y en septiembre de 1892, se casa con una joven de 17 años, que además era una cantante de cabaret de poca monta: Kunigunde Mackamotski, de padre polaco y madre alemana, más conocida como Cora Turner, que actuaba con el nombre artístico de “Belle Elmore“.

Kunigunde, más conocida como Cora, más conocida como Belle Elmore
Kunigunde, más conocida como Cora, más conocida como Belle Elmore

Durante aquellos años en los que el nuevo matrimonio continuó con la estela del anterior, cambiando de residencia mientras Crippen desempeñaba su oficio en diversas ciudades aprovechando el auge de la homeopatía, ejerciendo en ciduades como San Luis o Philadelphia. En Nueva York Cora intenta recibir clases de ópera, pero la crisis del teatro de aquellos años frustra su carrera artística.

En 1897 marcha a Londres, quedándose Cora temporalmente en Philadelphia en uno de sus muchos intentos por reflotar su carrera artística, comenzando así a coleccionar una serie de amantes que abochornarán a Crippen. Poco después se reúne con su esposo en Inglaterra, pero los títulos médicos de Crippen no eran suficientes para que pudiese ejercer su oficio en el Reino Unido; no obstante continuó distribuyendo medicinas, hasta que en 1899 la compañía para la que trabajaba le despide al centrarse demasiado en la carrera artística de su mujer. Lejos de desanimarse, Crippen se embarca en diversas aventuras laborales y empresariales, y en una de ellas, en el Instituto Drouet para Sordos, en 1901, conoce a una mecanógrafa de solo 18 años, Ethel Le Neve.

Aquella muchacha era la antítesis de Cora: tímida, inteligente, de modales delicados…Crippen la contratará más tarde, estrechando su amistad a partir de 1903. Mientras tanto, Cora comenzaba a intentar relanzar su carrera artística y cosechaba algo de éxito en un pequeño teatro, volviéndose a entregar a su vida de amantes y excesos y comenzando a coleccionar una serie de infidelidades con el doctor Crippen.

En 1905 se mudan al 39 de Hilldrop Crescent, en Camdem Road, en el distrito londinense de Holloway, por iniciativa de Cora. Para entonces, el matrimonio estaba prácticamente en las últimas. Vivían casi enteramente por separado, entregándose él a su amistad cada vez mayor con Ethel y ella a su carrera y a sus amantes.

Y es entonces cuando un día, Crippen llega antes de tiempo a casa y sorprende a Cora con otro hombre en la cama. Desconsolado, cae en los brazos de Ethel, consumando su relación y convirtiéndose en amantes.

Aquí parecen ya determinados los roles de esta historia, quién es el bueno y quién el malo. Una esposa controladora e infiel, un marido desconsolado y engañado, una mujer dulce y tímida que le consuela…

Pese a aquel episodio, Cora seguirá viviendo con Crippen, y su faceta controladora también, al investigar quién es esa amante misteriosa de su marido, al tener noticia de la existencia de ella. Descubre que es Ethel cuando Crippen la contrata también en su enésima aventura empresarial, esta vez una consulta de dentista, y más después de que unos amigos del teatro descubran a Crippen cenando con Ethel.

Ciega de rabia y enormemente furiosa, Cora se decide a arruinar la vida de su esposo, con el que ya apenas puede vivir. Sus discusiones y peleas son enormemente frecuentes, especialmente cuando ella trata de arruinar la reputación profesional de su esposo difundiendo rumores acerca de su romance, algo enormemente mal visto en una puritana sociedad londinense que todavía seguía con la influencia de la conservadora sociedad victoriana. Crippen incluso llega a creer que su esposa está loca.

Y es entonces cuando, el 31 de enero de 1910, Cora desaparece. Dos semanas antes, su marido había encargado a un químico una dosis enorme de hidrobromuro de hioscina, más conocida como escopolaminaburundanga, un veneno que altera el sistema nervioso y que usarían más tarde los nazis para interrogar a sus prisioneros en la Segunda Guerra Mundial. Este veneno tiene usos en la medicina (para casos de párkinson, por ejemplo) en cantidades mínimas, pero en exceso es mortal.

Fue entonces cuando los acontecimientos, todavía no esclarecidos, comienzan a dificultarse. Según se cree, Crippen pidió el veneno para tratar de calmar a su mujer, pues dicha droga provoca una enorme relajación y paralización del sistema nervioso. Algunos creen que se excedió en la administración del medicamento, lo que provocó la muerte de su mujer; otros creen que en lugar de lograr sedarla, logró lo contrario: un ataque de hiperactividad, y Crippen, desesperado, disparó a su mujer con su revólver.

Tras matar a su mujer, Crippen decidió que lo mejor que podía hacer era deshacerse del cadáver, escondiéndolo en la carbonera del sótano. Pero dicha carbonera era muy pequeña para una mujer tan grande, por lo que primero diseccionó el cadáver en la bañera y retiró sus huesos, quemándolos en la cocina, además de usar ácido para disolver sus órganos internos. Finalizado aquel macabro trabajo, Crippen enterró lo que quedaba del cuerpo bajo el suelo del sótano, y la cabeza y los órganos fueron arrojados en una bolsa a un canal.

Tumba en el sótano en la que Crippen sepultó a su mujer.
Tumba en el sótano en la que Crippen sepultó a su mujer.

Al día siguiente, Crippen continuó su vida normal como si nada hubiese pasado. Fue a trabajar a su consulta de dentista con total normalidad, sin sobresaltos. Febrero comenzaba y todo parecía normal. Pero sabía que su mujer no podía desaparecer así como así y sin tener que dar ninguna explicación a nadie. Había que forjarse una coartada consistente para que nadie le atrapase.

Primero, contó a su amante, Ethel, que su mujer le había dejado. Al mismo tiempo, le regaló unas joyas (probablemente de la asesinada) mientras que empeñaba las otras. Después, pidió a su amante que llevase una carta falsa de Cora al teatro donde la asesinada trabajaba, afirmando que se marchaba a Estados Unidos a cuidar de un pariente enfermo, renunciando a su trabajo como tesorera en el teatro. Los amigos y compañeros del teatro de Cora comenzaron entonces a sospechar.

Y llegó entonces el día 20 de ese mes, cuando una de las miembros de la compañía de teatro descubre a Ethel llevando las joyas de Cora. Las compañeras de la finada bombardean a Crippen a preguntas acerca del paradero de su esposa, de por qué no reciben noticias. Nervioso, Crippen se inventa que su mujer ha caído gravemente enferma en California, y el 24 de marzo se inventa que su esposa ha muerto a causa de su enfermedad en los Estados Unidos. Las crecientes sospechas de los allegados de Cora aumentan cuando el “desconsolado” viudo se marcha por unos días a Francia con Ethel.

Y es entonces cuando entra en acción el inspector Walter Dew, de Scotland Yard, un veterano policía que ya había estado tras la caza del celebérrimo Jack El Destripador. Dew fue alertado por las amigas de Cora, que definitivamente no se tragan las mentiras de Crippen cuando, al pedirle detalles sobre el funeral de su amiga, él dice que ha sido incinerada, algo que no concuerda con las convicciones católicas de ella. Dew primero rechaza el caso por falta de pruebas, pero no sabe en lo mediático que se convertirá el caso.

Walter Dew
Walter Dew

Mientras tanto, los afines a Cora no cesarán en sus investigaciones, haciendo que la coartada de Crippen haga aguas por todos los frentes: descubren que ningún barco partió hacia América en la fecha que sostenía Howard, y que ninguna persona apellidada Crippen había fallecido en California el mismo día sostenido por su asesino.

Presionado por aquellas investigaciones, Dew acudió a interrogar a Crippen, que, sabedor de los fallos de su coartada, afirma que se había inventado la historia de la muerte porque en realidad su mujer le había abandonado por otro y no habría soportado la humillación.

Pese a que Dew le creyó, Crippen entró en pánico y decidió que lo mejor era huir, convenciendo a Ethel para que huyese con él hasta que la tormenta de la supuesta historia de Cora y su huida con otro amante escampase. Cogieron un barco hacia Amberes.

El 11 de julio, Dew acudió a la clínica de Crippen y encontró que tanto el doctor como Ethel no estaban. Encontrándolo enormemente sospechoso, acudió a su casa y vio que estaba cerrada a cal y canto. Inmediatamente organizó una investigación acerca de Crippen, y tras dos días, hallaron el cadáver de la desdichada Cora enterrado en el sótano. Pese a la falta de tecnología para identificarla y a la ausencia de la cabeza, además del estado de descomposición, los forenses la identificaron como la cantante de cabaret y actriz gracias a una cicatriz en la espalda. El 16 de julio, se emite una orden de arresto contra Crippen y su amante.

Trozo de piel con la cicatriz de Cora que favoreció su identificación.
Trozo de piel con la cicatriz de Cora que favoreció su identificación.

El caso se convirtió en enormemente mediático, copando las portadas de los periódicos nacionales e internacionales. Crippen, alertado por ello, decidió que era mejor no echar raíces en Bélgica, y el 20 de julio se embarca en el SS Montrose (de la White Star Line, la misma del Titanic, que se hundiría tan solo dos años después) con destino Canadá haciéndose pasar por un tal señor Robinson, mientras que Ethel se disfrazaría (de una manera bastante tosca)haciendo de su hijo. 

Aquellos cutres disfraces motivaron la atención del capitán del barco, Henry Kendall, que advirtió las similitudes de los viajeros con los fugitivos. Y entonces entra aquí en escena uno de los grandes avances de la época: el telégrafo, usado por Kendall para advertir de la presencia de los fugitivos a bordo.

Henry Kendall, capitán del barco y posteriormente héroe de la IGM.
Henry Kendall, capitán del barco, destapó a Crippen.

Dew recibió el aviso de Kendall, y se embarcó en el puerto de Liverpool en el SS Laurentic, un barco más rápido que el Montrose, con el objetivo de llegar antes a Quebec que Crippen y Ethel, en una rocambolesca carrera de barcos.

Y efectivamente, así ocurrió, y disfrazado como trabajador del puerto, Dew subió a bordo del Montrose y arrestó a ambos, con la frase “Buenos días, doctor Crippen, ¿me reconoce? Soy el inspector Walter Dew, de Scotland Yard”, a lo que respondió Crippen con la cita del inicio del artículo. Lo irónico es que pudo arrestarle gracias a que Canadá era un dominio británico. Si Crippen hubiese embarcado hacia los Estados Unidos se habría librado incluso de haber sido reconocido, gracias a que era ciudadano estadounidense. Incluso su forma de viajar incidió, pues tuvo contacto con el hombre que le destapó, el capitán Kendall, ya que viajó en clase acomodada y no en tercera.

Crippen y Ethel, arrestados, a su regreso al Reino Unido.
Crippen y Ethel, arrestados, a su regreso al Reino Unido.

En octubre Crippen y Ethel llegaron al Reino Unido, y a mediados de mes comenzaron los juicios en el Old Bailey, decidiéndose que se celebrasen por separado. Durante su juicio, la defensa esgrimida por Crippen dejó mucho que desear, y hay juristas que piensan que podría haberse salvado si hubiese utilizado otra estrategia. Por vergüenza, omitió las infidelidades constantes de su esposa y se declaró no-culpable.

Aquello fue utilizado por la acusación, que atacó con fiereza a Crippen, haciendo hincapìé en las mentiras de Crippen a los amigos de Cora y a la policía. El 22 de octubre, el jurado, en una rápida deliberación (tan solo 27 minutos) encontró culpable a Crippen, y el juez, Lord Alverstone, condenó a Crippen a muerte en la horca.

Viñetas del juicio a Crippen.
Viñetas del juicio a Crippen.

Cuatro días después comenzó el juicio contra Ethel, bajo la acusación de complicidad y huida de la justicia, pero ella fue declarada no culpable al día siguiente, al ser vista por el jurado como una devota e inocente amante que únicamente siguió a Crippen.

La sentencia sobre Crippen se ejecutaría en noviembre, en medio de una enorme expectación. Ethel se encargó de visitarle todos los días hasta su ejecución, y el doctor fue colgado por el verdugo John Ellis en la prisión londinense de Pentonville, a las 9 de la mañana del 23 de noviembre. Antes de morir, Crippen pidió ser enterrado con cartas y una foto de Ethel, además de dejar en herencia su finca a su amante. La casa de los horrores donde se cometió el horrendo crimen permaneció abandonada hasta que un bombardeo alemán en la Segunda Guerra Mundial la destruyó.

Se ponía fin así, a uno de los crímenes que más atrajo la atención mediática inglesa desde Jack El Destripador. Una historia con ingredientes novelescos, elementos propios de una película de intriga e incluso con tintes rocambolescos.

Crippen y Ethel en el Old Bailey.
Crippen y Ethel en el Old Bailey.
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