La reacción más estúpida de la historia

Por José Ignacio Contreras

George W. Bush, 43 presidente de los Estados Unidos
George W. Bush, 43 presidente de los Estados Unidos

“Tomé las mejores decisiones que pude.” George W. Bush 

En la vida hay ocasiones en las que somos puestos a prueba de manera extrema, situaciones en las que debemos demostrar nuestro valor, hacer acopio de sangre fría, mantener la cabeza en su sitio, no dejarse llevar por el pánico y salir hacia delante. Son situaciones de gran dificultad, en las que se demuestra quién está capacitado, quién tiene valía y quién tiene la habilidad de salir airoso incluso en la más peliaguda de las situaciones. Situaciones así las viven en profesiones de enorme riesgo: si a un médico le llega un caso grave o se le notifica que un paciente se le va, tiene que tomar la decisión correcta en el momento oportuno para salvarlo; si un soldado se ve acorralado o es atacado, tendrá que hacer una elección adecuada para salvarse él y sus compañeros; si un bombero ve como una viga en llamas se desploma frente a él, deberá llevar a cabo una acción idónea para salvar a los que tenga que salvar…

Y sin duda, una profesión de alto riesgo y que exige un volumen de decisiones adecuadas en situaciones extremas es la de Presidente. Y más si no eres un Presidente cualquiera o uno de algún pacífico y tranquilo Estado del Norte de Europa, es, evidentemente, más arriesgada si lo eres de la primera potencia mundial, los Estados Unidos de América.

Y es aquí cuando entra en escena el protagonista de este nuevo artículo: el cuadragésimo tercer presidente del país, George Walker Bush. Hijo de otro presidente (George Herbert Walker Bush, cuadragésimo primer presidente), gobernador de Texas durante cinco años, presidente de compañías que acabaron en bancarrota y, en el pasado, adolescente con pasado turbulento ligado a la adicción al alcohol, George W. Bush será recordado, sin duda, como uno de los peores presidentes de la historia de los Estados Unidos. Sus frases célebres, las que quizá tengan el mayor porcentaje de estupideces y sinsentidos de la historia, han copado titulares. He aquí una pequeña selección de la labia de este hombre, digna de grandes oradores como Luther King o Churchill. 

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“Hemos perdido mucho tiempo hablando de África con justicia. África es una nación que sufre una increíble enfermedad la elefentosis.” en una rueda de prensael 14 de septiembre de 2000.

“Un mundo sin guerra es un mundo con paz”  en Austin, Texas, el 12 de marzo de 2001.

“Estados Unidos no pidió ser parte de esta guerra, y todos y cada uno de los estadounidenses desean que se acabe. Yo también.”

Como John Howard acertadamente señaló cuando fue a agradecer a las tropas austriacas el año pasado…” en Sidney, Australia, ante el primer ministro de Australia John Howard.

Como ven, las dotes oratorias del republicano son innegables. A la altura de algún que otro actual presidente del gobierno de un reino del sur de Europa.

Pero Bush obviamente no va a ser recordado como un presidente nefasto por sus frases. Lo será, obviamente, por acceder al poder mediante un sucio pucherazo, iniciar dos guerras interminables y que siguen abiertas (Afganistán e Irak), por pasarse la diplomacia y los dictámenes de las Naciones Unidas por el mismísimo arco del triunfo, por no hacer nada cuando el huracán Katrina devastó el sur del país, por las numerosas, reiteradas y más que brutales violaciones de los Derechos Humanos (esos nombres tan agradables para la moral como Guantánamo Abú Grahib), por su destrozo del medio ambiente al rechazar el Protocolo de Kioto, por incrementar el gasto militar hasta límites insospechados y por último, como guinda del pastel, por meter a Estados Unidos en una brutal crisis económica de proporciones casi bíblicas, la cual ha arrastrado a medio mundo.

Pero el tema que vamos a tratar no es uno de los tantos enumerados.

Ahora, póngase en situación. Usted, en sus deberes como presidente, realiza una viaje a Florida (casualmente, en el Estado cuyo pucherazo te ha aupado al poder) y visitas una escuela. Todo normal, una simple visita. No parece haber problemas. A las nueve de la mañana entras en la escuela, visitando una clase de niños que no llegarán a los diez años. Tu equipo mira con cara enternecedora a tu joven audiencia. Pero para esa hora ni tu equipo ni tú tenéis la expresión que se debería tener cuando se te ha notificado que un avión se ha estrellado contra la Torre Norte del World Trade Center (complejo financiero de oficinas conocidas como “Torres Gemelas”) hace catorce minutos. Es una enorme tragedia. Pero bah, seguro que ha sido una avioneta ligera o algún aparato que por el tiempo o por algún error del piloto se habrá estrellado. Tampoco será tan grave. Mejor seguir con la visita, no pasa nada. Además, desilusionaríamos a estos pequeños. Vamos a oír a esos chavales leer palabras de manera rápida.

George pasándolo en grande con los niños.
George pasándolo en grande con los niños.

No hay de qué preocuparse. Vaya, ahí viene ese pelmazo de Andrew Card, mi jefe de gabinete. Qué puñetas querrá este tío. Bah, seguramente que para contarme algo sobre ese avioncejo que se ha estrellado. A ver qué dice. Son las 9:02.

“Un segundo avión se ha estrellado contra la segunda Torre. América está siendo atacada.”

Andrew Card notificando a Bush el ataque.
Andrew Card notificando a Bush el ataque.

Mierda. Mierda, mierda, mierda. Nos atacan. ¿Y yo qué coño hago? ¿Quién habrá podido ser? A ver, piensa, piensa George. ¿Fidel Castro? No creo. ¿El venezolano ese que nos odia tanto? ¿Cómo se llamaba? No, seguro que no. ¿Algún terrorista de aquí, como Tim McVeigh. No, seguro que tampoco. ¿Saddam Hussein? Es probable. ¿o quizá esos terroristas que atentaron contra esas mismas Torres en 1993 y que luego masacraron las embajadas en Kenia y Tanzania? Puede ser.

"A ver, y yo qué leches hago..."
“A ver, y yo qué leches hago…” Esta cara se le quedó a Bush cuando le notificaron el ataque a las Torres Gemelas.

Uf, es una situación peliaguda. ¿Qué hago? ¡Nos están atacando! A ver, George, calma. Será mejor quedarme aquí con estos niños. ¿Qué hago? ¿Alguien me puede ayudar? Bueno, mejor calmarse, no sobresaltemos a estos niños. Seguro que no es para tanto. Tranquilidad. ¿Y ese libro? “Mi mascota la cabra”Voy a cogerlo y a leerlo con los niños. Quizás si lo leo me concentro y se me ocurre algo.

Seguro que "Mi mascota la cabra" sabía qué hacer en esa situación.
Seguro que “Mi mascota la cabra” sabía qué hacer en esa situación.

Han pasado ya casi veinte minutos desde que el primer avión se ha estrellado contra la Torre Norte. Apenas un par de minutos después del impacto del segundo avión, esta vez contra la Torre Sur.

Uf. Está pasando el tiempo. Los minutos se me están haciendo eternos. ¿Qué hacer? Acaban de atacar el corazón financiero y comercial de la ciudad más importante de mi país. Esto es grave. Pero, ¿qué hago? Vaya, parece que ya acaban. Les voy a decir que estoy muy impresionado con su manera de leer, y en cuanto pueda, me largo. Y a ver si hay alguien que me pueda decir qué leches hago.  Uf, ya me voy. Seguro que mi equipo me sabe asesorar y me ayuda. Bueno. He tardado un poco en reaccionar, pero voy a dar un discurso desde la misma escuela para informar a la Nación. Que no se me acuse de lento.

Son las 9:31 AM. Han trascurrido tres cuartos de hora desde el primer ataque, y media hora desde el segundo. Bush es un hombre veloz.

Sí, amigos míos. Esa fue la rápida y audaz reacción del Presidente de los Estados Unidos de América cuando su país estaba sufriendo el mayor ataque de su historia en 60 años, desde Pearl Harbor, al que superó en víctimas. 

Aquí en este vídeo se ve perfectamente la secuencia:

Y por si fuera poco, un tercer avión se estrelló contra el centro neurálgico de la Defensa de los Estados Unidos: el Pentágono. Ocho minutos después de que Bush dijera que “aparentemente” era un ataque terrorista. Un cuarto avión, cuyo objetivo es el Congreso, se acaba estrellando a las 10:03 en un campo en Pennsylvania, al producirse una lucha entre los pasajeros y los secuestradores. La jornada acaba con 2973 muertos, 6000 heridos y 24 desaparecidos. En el futuro miles de neoyorkinos sufrirán de diversas enfermedades, sobre todo respiratorias, por culpa del polvo y los fragmentos microscópicos que flotan en el aire tras la caída de las Torres. Y el Presidente, como se ve, no hizo nada. Y de postre, y como reacción a los ataques, invade Afganistán ese mismo año. No obstante, lo hace con permiso de la ONU. Pero dos años después, le toca el turno a Irak. Y la invade de manera unilateral, contra todo Derecho Internacional, saltándose las directrices de la ONU y argumentando la posesión por este país de armas de destrucción masiva que jamás aparecieron ni se demostró su existencia. Y lo mejor, que ambas guerras, más de una década después, siguen sin terminar. Ni mucho menos.

Años después, de postre, se demostró que Bush tenía evidencias de que había un riesgo real de producirse un secuestro de aviones, y que, cómo no, no hizo nada.

Así que ya sabéis niños. Si alguna vez atacan vuestra casa, no hagáis nada. Leed un cuento y relajaos, que ya se os ocurrirá algo.

Bush concentrado en el cuento, y a la vez, en quién ha podido perpetrar el mayor atentado de la Historia de su país.
Bush concentrado en el cuento, y a la vez, en quién ha podido perpetrar el mayor atentado de la Historia de su país.
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